Thalia siente cómo sus mejillas se sonrojan y su corazón comienza a latir de forma desbocada. El toque sobre su mejilla comienza a sentirse más caliente, pero no es un calor que se conforma con quedarse solo allí, sino que empieza a extenderse a lo largo de su rostro hasta dispersar esa tibieza en todo su cuerpo.
—¿Qué? —inquiere en el mismo tono íntimo que él usa, manteniendo el contacto fijo sobre la oscura y envolvente mirada de Leonardo.
Pero no hay palabras que respondan a esa pregunta, si