La mañana siguiente a la fiesta llegó con una luz suave que se filtraba por las persianas del apartamento de Marco. Valeria despertó primero, el peso del brazo de Marco sobre su cintura, su respiración profunda y regular en su nuca. Por un instante, todo era perfecto.
Luego, la ola de náuseas llegó como un maremoto, brutal e inesperada.
Se liberó de su abrazo y corrió hacia el baño, apenas llegando a tiempo antes de que las arcadas violentas sacudieran su cuerpo. No eran las náuseas matutinas s