El eco de la fiesta en la clínica aún resonaba en sus oídos, una sinfonía de felicitaciones y risas que poco a poco se apagaba.
Marco y Valeria se fueron a su apartamento, un refugio moderno y minimalista que era su verdadero hogar, lejos de los fantasmas de la mansión Mendoza. La euforia del día, la emoción de su graduación y su nuevo cargo, se había convertido en una tensión eléctrica que recorría el espacio entre ellos.
La puerta se cerró con un golpe seco. No hubo necesidad de palabras. Ma