El silencio en el departamento de Marco era pesado, cargado de ecos de la hazaña reciente. En la habitación principal, Daniel vigilaba el sueño de Aníbal con profesionalidad silenciosa. En otra estancia, Marco y Valeria se habían encerrado, buscando en la intimidad un consuelo urgente contra el miedo, la adrenalina aún palpitante y las hormonas del embarazo de ella que convertían cada emoción en un torrente desbordado.
En la sala, bañada por la luz tenue del atardecer, Álvaro y Marianna estaban