La victoria sobre Montes debería haber sabido a gloria. El respeto en los ojos del personal, la rendición tácita de su saboteador, el éxito incuestionable de la técnica de Valeria… todo era perfecto. Y sin embargo, una inquietud sorda se agitaba en el pecho de Marco, un latido de alarma que nada tenía que ver con Fernando.
Su brújula, desde hacía semanas, era Valeria. Y su brújula fallaba.
La observaba desde la puerta de su nuevo y flamante consultorio en cardio adultos, mientras ella revisaba