El quirófano de los gemelos López era un acuario de acero iluminado por los focos cegadores de las cámaras de televisión. Cada movimiento, cada susurro, cada latido de los monitores era amplificado y transmitido. Marco y Valeria, enfundados en sus batas estériles, eran los únicos habitantes de un universo reducido a la precisión milimétrica. Bajo las luces, no había herencias envenenadas ni secretos familiares; solo dos mentes brillantes operando en una sinfonía perfecta.
—Tensión del vaso comp