Sienna Ivolet caminaba de un lado a otro en el despacho privado de su hermano, el Mayor Aiden Ivolet.
Sus pasos, usualmente ligeros y elegantes, resonaban con una furia sorda contra el suelo de madera oscura.
Su rostro, que siempre se esforzaba por mantener una expresión de dulzura angelical y calma imperturbable, estaba crispado por una rabia que ya no podía contener tras las puertas cerradas.
—¡No lo entiendo, Aiden! ¡Simplemente no puedo entenderlo! —exclamó Sienna, lanzando sus guantes de m