Diamond descendió las escaleras hacia la cocina, estando completamente atenta a lo que podría venir hacia ella, pero para su sorpresa.
El lugar era un hervidero de actividad frenética; los sirvientes corrían de un lado a otro con bandejas de plata, cristalería fina y manteles de lino que rara vez se veían fuera de las grandes ocasiones.
Rona, quien usualmente no perdía oportunidad para lanzarle algún dardo venenoso o buscar una disputa, estaba en el centro de aquel caos.
Tenía la cara roja por