El hangar privado en las afueras de Long Island olía a combustible de aviación y a la humedad salina del Atlántico.
Bajo la luz parpadeante de los fluorescentes, Ridell North parecía una estatua tallada en granito bélico.
Se había despojado del uniforme de gala; ahora vestía un traje táctico de asalto, oscuro y funcional, que ocultaba las armas que portaba con la naturalidad de quien ha nacido para la guerra.
A su alrededor, un grupo de doce hombres —marines de elites, reclutados por Rune Pierc