La mansión Valentine en Nueva York no era un hogar; era una puesta en escena.
Cada pasillo alfombrado y cada lámpara de cristal de Bohemia gritaba la opulencia de una estirpe que se alimentaba de la tragedia.
Diamond se encontraba frente al tocador de su antigua habitación, observando su reflejo con una fijeza que rozaba lo hipnótico.
Sus dedos, pálidos y temblorosos, acariciaron la superficie del anillo de compromiso que Killian le había impuesto.
El diamante capturaba la luz de la tarde, devo