El aire en el salón de la villa se sentía viciado, cargado con el peso de años de silencios cómplices y traumas compartidos.
Allen Valentine permanecía de pie frente a Diamond, con el rostro aún marcado por el golpe que Killian le había propinado días atrás.
Se veía más pequeño de lo habitual, como si la culpa que cargaba en los hombros le estuviera curvando la columna. Ridell,
por su parte, se mantenía a unos metros, apoyado contra la pared con los brazos cruzados y una mirada que prometía una