El salón de oficiales de la base militar vibraba con una energía masculina y ruda, propia de hombres que han pasado la vida entre el estruendo de los cañones y el rigor de la disciplina.
Sin embargo, ese día, el aire era distinto.
Ridell North se encontraba en el centro de un círculo de altos mandos y hombres de influencia, quienes lo rodeaban con una familiaridad que rozaba la irreverencia.
—¡Vaya, Capitán! —exclamó un general de brigada, palmeándole el hombro con fuerza—. Empezábamos a creer