Capítulo ochenta y ocho. Donde todo vuelve a empezar.
El amanecer entraba por la ventana del hospital con una luz suave, casi respetuosa.
Alexandra estaba despierta.
Tenía una mano apoyada sobre su vientre y la otra entrelazada con la de Daniel, que dormía sentado en la silla junto a la cama, con el ceño relajado por primera vez en mucho tiempo.
Sonrió.
Durante años, la vida había sido una sucesión de huidas, silencios y miedos. Pero ahora, incluso en una habitación de hospital, sentía paz.
—Da