Capítulo ochenta. Lo que queda cuando cae el ruido.
La casa volvió a tener un silencio distinto.
No era tensión. No era espera. Era ese tipo de calma que llega después de una tormenta larga, cuando el cuerpo aún recuerda el trueno, pero el cielo ya no amenaza.
Alexandra lo sintió al despertar.
La luz de la mañana entraba suave por las cortinas del dormitorio. Daniel aún dormía a su lado, con una mano descansando de manera inconsciente sobre su cintura, como si incluso dormido necesitara asegura