Capítulo setenta y nueve. La caída de las máscaras
Alexandra no había dormido más de tres horas, pero su mente estaba clara.
Demasiado clara.
—Eleanor no improvisa —dijo mientras caminaba de un lado a otro del estudio—. Todo lo que hace tiene capas. Si atacó por el lado psicológico es porque cree que ahí todavía puede controlarme.
Daniel la observaba en silencio, apoyado contra el escritorio. Había aprendido a reconocer ese tono en ella: no era miedo. Era enfoque.
—Entonces vamos a quitarle