Capítulo ocho. El fuego después de la tormenta.
Liam seguía llorando.
Un llanto suave, somnoliento, el típico sonido de un niño que había tenido un día demasiado largo.
Alexandra entró a la habitación casi corriendo.
No porque Liam necesitara urgencia…
sino porque ella la necesitaba.
Necesitaba alejarse de Daniel antes de hacer algo que no debía.
El corazón le golpeaba el pecho como si quisiera escapar.
—Shh, mi amor… —susurró, levantando al niño—. Ya estoy aquí.
Liam se acurrucó en su pecho, a