Capítulo nueve. El incendio inevitable.
Alexandra no durmió.
No podía.
Cada vez que cerraba los ojos, sentía la respiración de Daniel en su cuello.
El roce de sus labios sobre los suyos.
La mano en su cintura.
Ese te deseo que no dijo, pero que ardía como una marca sobre la piel.
Y lo peor era que no podía engañarse.
Ella lo deseaba también.
Lo había deseado antes, cuando apenas se toleraban.
Lo había deseado el día de la boda falsa.
Lo había deseado cuando él cargó con Liam como si fuera suyo.