Capítulo setenta. Las líneas que se cruzan
El nombre de Alexandra Hale volvió a ocupar titulares al amanecer.
No como víctima.
No como heredera perdida.
Como directora ejecutiva interina del Grupo Hale.
Daniel leyó la noticia en silencio mientras el sol apenas comenzaba a filtrarse entre los edificios.
—Lo hiciste —dijo finalmente.
Alexandra cerró el correo en su laptop y apoyó la espalda en la silla.
—No. —Lo miró—. Lo reclamé.
Carlos apareció con el teléfono aún en la mano.
—Eleanor pidió una reunión.
Alexandra alzó una ceja.
—¿Privada?
—Con condiciones —respondió él—. Neutralidad legal. Sin prensa. Sin abogados presentes.
Daniel soltó una risa breve, sin humor.
—Eso nunca es neutral.
—Lo sé —respondió Alexandra—. Por eso voy a ir.
El silencio que siguió fue denso.
—No sola —dijo Daniel de inmediato.
Ella negó.
—No puedo llevarte a ese terreno todavía. —Tomó su mano—. No porque no confíe en ti. Sino porque sé exactamente qué tipo de mujer es Eleanor.
—¿Y qué tipo es? —preguntó Carlo