Capítulo sesenta y nueve. La verdad no duerme
Alexandra no durmió esa noche.
No por miedo.
Por lucidez.
Sentada en el despacho, con la carpeta abierta frente a ella, pasó los dedos por los nombres como si fueran cicatrices antiguas. Fundaciones filantrópicas con balances impecables. Empresas offshore cerradas hacía años. Consejos directivos donde los Hale nunca figuraban… pero siempre decidían.
—Es una arquitectura —murmuró.
Daniel apareció en la puerta con dos tazas de café.
—Es una telaraña —corrigió—. Y alguien la sigue manteniendo.
Se sentó frente a ella.
—¿Reconoces algún nombre?
Alexandra asintió lentamente.
—Dos. Uno asesoró a mi padre. El otro fue quien firmó mi salida del país cuando yo tenía veintidós años. —Alzó la mirada—. No fue protección. Fue exilio.
Daniel cerró los ojos un segundo.
—Eleanor no construyó esto. Lo heredó.
—Y ahora intenta decidir quién merece saberlo.
Carlos entró sin tocar.
—Tenemos movimiento —anunció—. Tres de esas fundaciones reactivaron cuentas hoy