Capítulo sesenta y nueve. La verdad no duerme
Alexandra no durmió esa noche.
No por miedo.
Por lucidez.
Sentada en el despacho, con la carpeta abierta frente a ella, pasó los dedos por los nombres como si fueran cicatrices antiguas. Fundaciones filantrópicas con balances impecables. Empresas offshore cerradas hacía años. Consejos directivos donde los Hale nunca figuraban… pero siempre decidían.
—Es una arquitectura —murmuró.
Daniel apareció en la puerta con dos tazas de café.
—Es una telaraña —