Capítulo siete. Entre la espada y la pared.
Nicole sintió un escalofrío recorrerle la piel mientras sostenía la mirada de Kyan.
Él no se había movido, pero la forma en que la observaba —con esa intensidad oscura y calculadora— la hacía sentir acorralada.
—No puedes obligarme a aceptar este puesto —dijo con firmeza, aunque su corazón martilleaba contra su pecho.
Kyan inclinó la cabeza con una sonrisa ladina.
—Claro que puedo.
—No tiene sentido. Hay muchas personas más capacitadas que y