Capítulo sesenta y ocho. Voy a estar, pase lo que pase
La ciudad los recibió con una mezcla de rutina y caos. Nada había cambiado realmente en su ausencia, y sin embargo, todo era distinto para ellos. Nicole bajó del auto con una mano apoyada en su vientre apenas notorio, mientras Millie, emocionada, corría hacia la entrada del penthouse con la mochila a cuestas.
—¡Volvimos, papá! —gritó la niña desde el ascensor—. ¿Crees que mi pez de peluche haya sobrevivido sin mí?
Kyan soltó una risa suave