Capítulo sesenta y siete. En el calor de un hogar.
El auto se detuvo frente a la casa con la fachada de ladrillos cálidos y ventanas amplias que Kyan había remodelado con esmero meses atrás. La brisa del atardecer soplaba con suavidad, como si también quisiera acariciar la calma recién encontrada que envolvía a la familia.
Nicole bajó del vehículo con una sonrisa cansada pero sincera. Aún sentía el eco del viaje en sus piernas, pero su corazón iba ligero. No solo por el anillo que brillaba en su dedo ni por el calor de la mano de Kyan al sostenerla con naturalidad, sino porque sabía que este era el principio de una nueva etapa.
—¡Mamá! ¿Puedo llevar mis propias maletas? —preguntó la pequeña con los ojos brillando de entusiasmo.
—Claro, mi amor. Pero con cuidado —respondió Nicole, mientras observaba a su hija arrastrar la maleta pequeña con dibujos de estrellas por el camino de piedra.
Kyan cerró el baúl y se acercó por detrás, rodeando la cintura de Nicole con ambos brazos.
—¿Lista pa