Capítulo sesenta y uno. Los nombres que regresan.
Alexandra no pudo dormir.
No era insomnio común. Era esa vigilia tensa que nace cuando el cuerpo sabe algo antes que la mente. Permaneció acostada, escuchando la respiración tranquila de Daniel a su lado, el murmullo lejano de la ciudad, el tic casi imperceptible del reloj en la pared.
Y aun así, sentía que alguien estaba demasiado cerca.
Se levantó en silencio y caminó hasta la cocina. Preparó té sin encender la luz, como si cualquier gesto bru