Capítulo sesenta y dos. La mujer que cree mandar.
El lugar elegido por Eleanor Hale no fue casual.
Un club privado en el Upper East Side, de esos donde las paredes están cubiertas de madera oscura, los sillones huelen a cuero antiguo y los apellidos pesan más que las personas. Un sitio donde el pasado aún se sienta a la mesa y exige ser escuchado.
Alexandra lo supo en cuanto cruzó la puerta.
Daniel caminaba a su lado, firme, atento, con esa presencia silenciosa que no necesitaba imponerse para dominar un espacio. Carlos los esperaba adentro, cerca del ventanal, con el gesto tenso.
—Ya está aquí —murmuró él—. Llegó hace diez minutos. No pidió permiso. Solo… entró.
Alexandra respiró hondo.
—Es su estilo.
Eleanor Hale estaba sentada en una mesa al fondo, perfectamente erguida, vestida con una elegancia clásica que parecía detenida en el tiempo. Su cabello claro recogido con precisión. Sus manos, finas, descansaban sobre una taza de té que no había tocado.
Cuando vio a Alexandra, sonrió.