Capítulo sesenta. La jugada invisible.
Alexandra despertó con la sensación incómoda de que algo ya había ocurrido… aunque todavía no supiera qué.
La luz de la mañana se filtraba por las cortinas del apartamento de Daniel, bañando la habitación con una calma que parecía demasiado frágil. Daniel estaba despierto, apoyado contra el cabecero, revisando su celular con el ceño levemente fruncido. No era el gesto de quien acaba de recibir malas noticias, sino el de alguien que está atando cabos.
—¿Pasa algo? —preguntó Alexandra en voz baja, incorporándose.
Daniel bloqueó la pantalla y la miró.
—Aún no —respondió—. Pero va a pasar.
Alexandra suspiró despacio. Se apoyó contra él, buscando ese punto exacto de contacto que se había vuelto su refugio silencioso.
—Eleanor no da entrevistas porque sí —dijo ella—. Ya movió algo.
—Lo sé —asintió Daniel—. Y no lo hizo desde la rabia. Lo hizo desde el cálculo.
Alexandra cerró los ojos un segundo.
—Eso es lo que más miedo me da.
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