Capítulo cincuenta y siete. Las cosas que no se dicen en voz alta
La calma tenía un sonido distinto cuando uno ya había vivido demasiado caos.
Alexandra lo notó esa mañana mientras preparaba el desayuno. No era solo silencio: era rutina. El ruido de la cafetera, Liam canturreando una canción inventada mientras coloreaba en la mesa, Daniel leyendo correos en su tablet con el ceño fruncido pero sin urgencia real.
Vida.
Una palabra que durante años le había parecido ajena.
—Mamá —dijo Liam de pron