Capítulo cincuenta y dos. Grieta y luces.
El día después del juicio, el mundo amaneció distinto, aunque desde el penthouse de Kyan Byron apenas se percibiera el cambio. La ciudad rugía a lo lejos, como si nada hubiese ocurrido, como si el nombre de Eleanor Byron no hubiera resonado en cada canal de noticias la noche anterior, ni los titulares de los diarios hubieran estampado en tinta negra las palabras “Manipulación”, “Verdad” y “Silencio Roto”.
Pero adentro, el silencio era otro. No el de ant