Capítulo cuarenta y cinco. La verdad también sangra.
Alexandra no recordó haber dormido.
Recordó el momento exacto en que cerró los ojos… y el instante en que volvió a abrirlos, con el pecho apretado y una certeza incómoda latiéndole en la cabeza: la calma había terminado para siempre.
Daniel ya estaba despierto.
Estaba de pie frente al ventanal, con el teléfono en la mano y el ceño fruncido. No necesitó mirarla para saber que ella había despertado.
—Ya empezó —dijo, repitiendo aquellas palabras que parecían perseguirlos desde el inicio.
Alexandra se incorporó lentamente.
—¿Qué hicieron ahora?
Daniel giró la pantalla.
Un video.
No sensacionalista.
No burdo.
Peor.
Elegante. Editado con precisión quirúrgica.
La voz de Valeria Montoya se escuchaba clara, suave, casi empática.
“Durante años, la familia Hale construyó su imperio sobre silencios.
Hoy no vengo a atacar, sino a preguntar:
¿qué derecho tiene Alexandra Hale a liderar una fortuna construida con secretos que ella misma oculta?”