Capítulo cuatro. Bajo el mismo techo.
La ciudad de Nueva York brillaba bajo las luces nocturnas, pero Alexandra no podía disfrutar de la vista desde la ventanilla del auto blindado que la llevaba a casa de Daniel.
Aún sentía la piel ardiéndole por todo el cuerpo.
El matrimonio por contrato.
El micrófono oculto.
La mudanza inmediata.
El tono posesivo de Daniel.
La cercanía.
La tensión que nunca desapareció.
Todo se mezclaba en una espiral peligrosa y adictiva.
Liam dormía contra su pecho, exhausto por el día entero. Alexandra acarició su cabello mientras trataba de reorganizar sus emociones.
No podía haber imaginado un escenario más caótico.
Pero tampoco uno donde su corazón latiera tan rápido.
Daniel abrió la puerta del penthouse antes de que Alexandra pudiera tocar.
La mirada con la que la recibió la dejó sin aire.
—Pasa —dijo, su voz grave, controlada… demasiado controlada.
Alexandra entró, aún cargando a Liam, que seguía dormido.
El lugar era amplio, moderno, con ventanales que da