Capítulo cinco. La firma del destino.
Nueva York amaneció cubierta por una neblina suave que transformaba los rascacielos en sombras altas y silenciosas.
Alexandra observó el cielo gris desde la ventana del cuarto que Daniel había preparado para ella y para Liam.
Ése era el día.
El día en que se casaría con él… aunque fuera por contrato.
Liam dormía profundamente en su camita improvisada. Su respiración tranquila contrastaba con el torbellino que ella sentía dentro del pecho.
Se incorporó, se arregló el cabello y salió.
Al abrir la puerta, casi choca de frente con él.
Daniel estaba apoyado en el marco, con una taza de café en la mano, la camisa negra ajustándole los hombros y esa mirada… esa mirada que podía desnudarla sin tocarla.
—Buenos días —dijo él, voz ronca, casi íntima.
—Buenos días —susurró ella.
Daniel le ofreció la taza.
—Te hará falta para sobrevivir lo de hoy.
Ella tomó un sorbo, evitando mirarlo demasiado tiempo.
Su cercanía no ayudaba.
Su aroma tampoco.
Y su manera de m