Capítulo cinco. La firma del destino.
Nueva York amaneció cubierta por una neblina suave que transformaba los rascacielos en sombras altas y silenciosas.
Alexandra observó el cielo gris desde la ventana del cuarto que Daniel había preparado para ella y para Liam.
Ése era el día.
El día en que se casaría con él… aunque fuera por contrato.
Liam dormía profundamente en su camita improvisada. Su respiración tranquila contrastaba con el torbellino que ella sentía dentro del pecho.
Se incorporó, se a