Capítulo treinta y ocho. Un hogar.
La noche cayó sobre Nueva York con una suavidad inusual, como si la ciudad hubiera decidido bajar el ritmo solo para ellos. El apartamento estaba en silencio, interrumpido apenas por el murmullo lejano del tráfico y el zumbido constante de la vida urbana que nunca dormía del todo.
Liam ya estaba acostado.
Alexandra se quedó unos segundos de pie en la puerta de su habitación, observándolo respirar con tranquilidad. Había aprendido a memorizar ese instante: la c