Capítulo treinta y dos. Volvemos a reconstruir.
El regreso al apartamento de Daniel no fue inmediato, pero cuando ocurrió, fue definitivo.
Dos días después de la detención de Thiago Hale y del desmantelamiento del círculo de traición que había operado dentro de la seguridad de los Byron, las autoridades confirmaron lo que todos necesitaban oír: no había amenazas activas. Los cómplices estaban identificados, las cuentas congeladas, los movimientos vigilados.
Por primera vez en semanas, la palabra seguro volvió a tener sentido.
Alexandra observó el edificio desde el asiento trasero del auto. El apartamento de Daniel se alzaba elegante y sobrio, como siempre, pero para ella ya no era solo un lugar de paso.
Era hogar.
Liam iba en su silla, aferrado a su peluche, mirando por la ventana con curiosidad.
—¿Vamos a casa? —preguntó con su voz suave.
Alexandra sonrió.
—Sí, cariño. A casa.
Daniel los observó desde el asiento delantero. No dijo nada, pero algo en su pecho se acomodó al oír esa pal