Capítulo treinta y uno. Esta vez es de verdad.
La mansión Byron volvió a quedar en silencio por primera vez en días.
No era un silencio amenazante. Era distinto. Más profundo. Como si el peligro hubiera pasado y, recién entonces, el cuerpo se permitiera sentir el cansancio acumulado.
Liam dormía en la habitación principal, exhausto después de una noche que ningún niño de tres años debería vivir. Nicole había insistido en quedarse cerca “por si despertaba”, y Alexandra no se lo negó. En ese mome