Capítulo uno. Un enemigo con apellido millonario.
Nueva York despertaba cubierta por una lluvia fina que convertía el pavimento en un espejo grisáceo. Para Daniel Corso, era el clima perfecto: la ciudad parecía contener la respiración, como si supiera que algo estaba por explotar.
Entró a la cafetería de Brooklyn donde había acordado encontrarse con los Byron. Su gabardina negra aún goteaba, y su mirada analítica escaneó el lugar antes de avanzar. Tenía ese instinto —feroz y entrenado— que nunc