Capítulo dos. El hijo que nadie confesó.
El silencio cayó con un peso brutal, tan espeso que parecía llenar la suite completa.
Daniel no podía mover un músculo. No podía respirar.
Solo podía mirar al niño.
Al niño con su mismo color de ojos.
Con esa mezcla de inocencia y desafío que él veía cada mañana en el espejo.
Una corriente fría le recorrió la columna vertebral.
—Repite lo que acabas de decir —exigió con la voz rasgada, aunque ya lo había escuchado todo.
Alexandra tragó saliva. No se movi