Aquella noche, Metis sigilosamente salió de la cabaña. Durante días, había planeado ir a buscar a su padre, anhelaba saber la verdad. Sin levantar sospechas se deslizó entre las sombras de los árboles donde descansaban los Orcos. Al llegar, con extrema cautela, llamó a Boox en un susurro apenas audible.
— Boox, Es el momento de irnos. —murmuró con urgencia.
— Es hora de que Metis... —Una vocecita ronca, emergía de las sombras.
Metis se sobresaltó y se volteó rápidamente con el corazón, latiéndo