Una mañana, Freya despertó sobresaltada, su tranquilo sueño se vio interrumpido sintiendo un revuelo en el estómago. Con cuidado, se incorporó, sintiendo la pesadez en su cuerpo y la incomodidad de vomitar. Coloco los pies en el suelo frío y corrió hacia el baño. Al llegar, el rugido de su estómago hizo que se aferrara al lavado y empezó a vomitar.
Al levantarse, sintió sus piernas temblorosas, pero algo más llamó su atención. Al mirarse en el espejo. Sus ojos se agrandaron al observar sus sen