Aquella tarde, Freya salió de su habitación y se encaminó hacia la cocina. Al abrir la nevera, sus ojos se encontraron con una tentadora jarra de jugo de frutos rojos, su bebida favorita. Incapaz de resistirse, tomó un vaso y lo llenó, llevándoselo a la boca para disfrutar de cada sorbo del delicioso néctar. Después de saborear el refrescante jugo, decidió dirigirse hacia su despacho.
Tiempo después, Freya inmersa en sus asuntos, sintió como la puerta se abrió de repente, sin previo aviso.
—Hol