Victoirie no tuvo tiempo para quejarse y mucho menos para llorar. Romain la agarró con fuerza del cabello
—Escúchame bien porque no pienso repetírtelo.
Victoirie sintió que los ojos se le humedecían cuando los dedos de Romain tiraron de sus hebras y el cuero cabelludo le ardió.
—No me interesa lo que consideres justo —ladró él en su rostro—. Tampoco me interesa si ya estás harta. Cuando ella te hable, tú agachas la cabeza, cierras la puta boca y recuerdas cuál es tu maldito lugar.
Victoiri