Las sonrisas satisfechas que aparecieron en los rostros de su madre y de su hermano hicieron que Madeleine necesitara salir de allí cuanto antes.
No podía seguir escuchando aquello. No podía seguir prometiendo cosas que no sabía si iba a poder cumplir.
Unos días atrás lo habría hecho sin dudar, pero ahora, después del tiempo que había pasado junto a Fabien, todo en lo que creía se había resquebrajado.
—Tengo que marcharme —dijo, casi agobiada por el peso de todo con lo que cargaba—. Debo regres