Apenas salió de la casa, Rainier recorrió con la mirada los alrededores hasta localizar a uno de los hombres de su equipo. Le hizo una señal para que se acercara y esperó hasta tenerlo frente a él.
—¿Estás completamente seguro de que la princesa no ha salido de la propiedad?
El hombre asintió con seguridad.
—Completamente. Tenemos hombres apostados en diferentes puntos del perímetro, vigilando, y nadie ha visto a la princesa abandonar la casa o siquiera asomarse al jardín.
Rainier asintió.