Victoirie se había alejado de la casa buscando precisamente lo que parecía imposible encontrar bajo aquel techo: unos minutos de paz.
Había caminado hasta una parte apartada de la propiedad, suficientemente lejos de las ventanas principales y del constante ir y venir del servicio, y se había sentado en uno de los bancos del jardín. Allí, donde esperaba que nadie fuera a buscarla, finalmente había dejado caer las lágrimas que llevaba conteniendo desde el día anterior.
Lloraba en silencio, con