Romain mantuvo la mirada fija en la de su hermana, dejando que aquella última pregunta se asentara lentamente en su cabeza. No tenía prisa. Sabía que la duda era mucho más peligrosa que cualquier certeza y que, una vez sembrada, terminaría creciendo por sí sola.
—Piénsalo con calma, Madeleine —dijo al cabo de unos segundos, bajando ligeramente la voz—. ¿Por qué un príncipe tendría que recurrir a torturar a un hombre para conseguir información?
Madeleine permaneció inmóvil. La imagen de aque