Claudine mantuvo los ojos clavados en su hija hasta que desapareció detras de la puerta, todavía con aquella expresión maternal que había adoptado durante los últimos minutos de la conversación. Sin embargo, apenas se quedaron solos, la expresión fue sustituida por una de rabia e indignación. Y, por último, la expresión se tornó preocupada.
Esperó unos segundos, asegurándose de que su hija se hubiera alejado lo suficiente antes de volverse hacia Romain, que ya regresaba detrás de su escritori