La mansión había permanecido extrañamente silenciosa desde la discusión del día anterior.
Madeleine prácticamente no salió de la habitación donde decidió refugiarse después de abandonar el despacho de Fabien. Apenas aceptó que Mireille le llevara algo de comida y pasó el resto del tiempo caminando de un extremo a otro, incapaz de encontrar un momento de paz. Cada vez que cerraba los ojos, las mismas imágenes regresaban una y otra vez, mezclándose con el rostro de Romain hasta volverlas insopor