Las felicitaciones se sucedían una tras otra, pero Madeleine apenas las escuchaba.
Sonrisas falsas, palabras vacías, manos que se acercaban demasiado… todo se mezclaba en un murmullo distante que no lograba atravesar la tormenta que tenía dentro. Permanecía sentada junto a Fabien en la mesa principal, rígida, con la mandíbula tensa y la mirada endurecida, respondiendo lo mínimo indispensable mientras por dentro ardía.
No por el matrimonio. No únicamente por eso. Sino por sí misma.
Por haber