Fabien pasó la última media hora antes de su partida dando órdenes.
No levantó la voz ni una sola vez, pero ninguno de los hombres alrededor de él parecía dispuesto a cometer el más mínimo error. Madeleine lo observó desde el interior de la casa mientras hablaba con el equipo de seguridad en la entrada principal, revisando rutas, turnos y posiciones con una precisión enfermiza.
Todo aquello por ella. O contra ella.
Aún no estaba segura.
Rainier permanecía cerca de Fabien, escuchando y c