Capítulo 8.
El sonido de la puerta cerrándose detrás de mí fue como un fuerte golpe. No había más gente presente, ni risas, ni miradas que examinaran cada uno de mis movimientos. Solo estábamos él y yo, atrapados en esa lujosa suite en el piso más alto de un hotel que tenía aroma a madera costosa y flores frescas.
El silencio era denso. El vestido de novia aún me apretaba el pecho y el corsé me dejaba sin aliento. Todo me resultaba incómodo, pero nada tanto como la cercanía de Nicolás, que era familiar y