Capítulo 47.
El anillo permanecía en mi mano como un peso muerto, un recuerdo que quemaba. No tuve fuerzas para guardarlo de nuevo en la caja. Me quedé con él en la palma, observando cómo brillaba con esa luz cruel que me recordaba cadenas, promesas vacías y noches interminables de llanto.
El cansancio acabó venciéndome. Me tendí en la cama, con la lámpara encendida, el anillo en la mano y la nota de Javier sobre el pecho.
Me dormí.
Soñé con aquel día.
Javier me había llevado a un parque solitario, en las a