Capítulo 36.
POV – MILA.
Mis días habían comenzado a tomar un ritmo extraño, casi antinatural. Pasaba las mañanas enterrada en mi santuario, investigando entre miles de códigos y archivos ocultos, tratando de armar el rompecabezas que era Lola. Luego, en la tarde, revisaba informes, cuentas, balances: el manejo de la empresa que, para mi tranquilidad, marchaba sorprendentemente bien. El silencio de Lola en ese terreno me daba paz, como un respiro entre tormentas. Según había escuchado, seguía recluida en el